lunes, 10 de febrero de 2014

EL ROSTRO DEL HAMBRE, LA RESIGNACIÓN Y LA INCERTIDUMBRE

La economía dominicana, según las estadísticas oficiales, creció por encima del resto de las economías latinoamericanas y del Caribe, pero nadie con dos dedos de frente le cree al gobierno de Danilo Medina, aunque debido a la emotividad, simplicidad y conformidad del criollo, que suele evaluar a sus gobernantes únicamente comparándolos con la gestión anterior, ha dado en colocar a Medina  en un nivel de preferencia y aceptación inusitados, otorgándole constantemente, en sus casi dos años de gobierno, un 87% de aceptación. 

La gente común aplaude a Danilo, aunque se esté cayendo muerta del hambre y mire el porvenir con incertidumbre creciente y resignación fatalista, y su gozo, intuyo, no es porque espere cambios positivos en sus vidas, sino por la satisfacción de que surgiera alguien que los vengue de las mentiras de Leonel Fernández, cuyos gobiernos corruptos hasta la médula saquearon el Estado Dominicano y lo endeudaron hasta límites insostenibles para satisfacer su egolatría y derivar beneficios personales de inversiones improductivas para la República Dominicana.

La expresión del rostro que ilustra este aporte habla por sí mismo, y no ha sido extraida de los archivos donde se guardan los recuerdos del holocausto judío sino de un paraje de San José de Ocoa, y habla  más que todas las palabras del mundo en todos los idiomas: Hambre, angustia, resignación, incertidumbre, TRISTEZA PROFUNDA QUE LLEGA HASTA EL ALMA...

Es el rostro de una persona que vive en la zona rural de San José de Ocoa, donde el hambre llegó para quedarse, y no hay Tarjeta de Solidaridad capaz de superarla ni programitas sociales que modifiquen las condiciones sociales y económicas en que se consumen todas las poblaciones rurales dominicanas, que mientras más alejadas de Santo Domingo, la capital, y más encumbradas se encuentren en las montañas, más necesidades insatisfechas padecen.

El rostro podría corresponder a un hombre o a una mujer, pues cuando se está a punto de morir de inanición lo masculino y lo femenino se confunden, y la principal causa del drama es el DESEMPLEO.  El asunto tiene respuesta, y se resuelve con un poquito de creatividad y aplicando con responsabilidad la ley laboral.

El rostro es de una campesina ocoeña, que durante cientos de años, desde que se tiene registro de presencia humana en la zona, ha sabido ser una trabajadora tenaz e incansable, con una capacidad de resistencia increíble, sobre cuyos hombros ha descansado la seguridad alimentaria de la familia. Lo hizo cuando Ocoa producía en grandes cantidades el mejor café dominicano; lo hizo cuando el cultivo del maní era la alcancía del campesino minifundista, y cuando esos cultivos dejaron de ser rentables trató de sobrevivir de una agricultura precaria de frutos menores.

Las cosas han cambiado. Ya no se siembra maní en Ocoa y las plantaciones de café no lograron recuperarse de los estragos producidos por el ciclón David. Ahora es el tiempo de las plantaciones de aguacate y de los invernaderos, cultivos y prácticas inalcanzable para el agricultor promedio.

Los agroempresarios se inclinaron por la mano de obra haitiana, y de 3400 personas que trabajan en los invernaderos, 2800 son haitianos; los plantadores de aguacates siguen la misma tendencia, y el echa día ocoeño se ha visto desplazado en su propia tierra; los hombres han optado por convertirse en motoconchistas y las mujeres se han quedado sin pito y sin flauta. No hay donde ganarse un peso, y como mensualmente una gran parte de las divisas que produce la exportación de vegetales se envía hacia Haití, la actividad comercial languidece y la provincia permanece estancada, incluso demográficamente, pues Ocoa tiene la misma cantidad de habitantes que hace 50 años.

Ahora que se anuncia la creación de una escuela vocacional en la que se impartirán carreras técnicas, haría bien la autoridad competente en determinar cuales son los conocimientos que necesitan los ocoeños sin trabajo, hombres y mujeres, para insertarse en su propia tierra en la actividad productiva. Si el trabajador de invernadero o de las plantaciones de aguacates requiere de conocimientos especializados, esa escuela o el Infotep debe asumir la tarea educativa. Lo mismo si se trata de formar apicultores, etc.

En cuanto al salario que pagan los agroempresarios, si uno de los motivos para preferir a los haitianos es pagarles menos y evadir el costo de la seguridad social,  porque sólo así es rentable la actividad, corresponde al gobierno buscar alternativas, y una de ellas podría ser asumir una parte del salario y crear facilidades a los empresarios, beneficiándoles con incentivos similares a los que se instalan en zonas francas. Transformar en un trabajador agrícola tecnificado a una persona que hoy recibe todos los meses 300 pesos como bonogás y 700 en una Tarjeta de Solidaridad, y seguir asistiéndolo como trabajador de un invernadero, es factible, y sería el comienzo para nacionalizar el trabajo y dignificar la vida del  trabajador dominicano, y no mantenerlo arrodillado en espera de un subsidio social que sirve únicamente para atarlo a la miseria secular y tenerlo disponible como voto cautivo para las próximas elecciones.

Los parajes de la zona rural ocoeña se están quedando vacíos, y la miseria desesperada que se aposenta en los alrededores de la zona urbana hará cualquier cosa indebida para no morirse de hambre. La imagen elocuente del rostro que sin hablar lo dice todo, clama por la intervención de la sensibilidad y la inteligencia dominicana. Las elecciones para elegir presidentes, alcaldes, diputados y senadores se está convirtiendo en una pérdida de tiempo... y la desesperación acosada podría optar por alternativas que aunque la lleven al holocausto por lo menos le permitirán morir de pies, no echado como un perro sarnoso e invalido a la orilla de un fogón apagado.




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